Disfraz de valiente

 

Ya está. Me he puesto el disfraz de valiente y se lo he dicho. ¿Para qué callar? ¿Para qué esperar a un incierto día en el que se me escape entre los dedos esta melodía de piano?

Me gusta.

Me encanta.

Debe ser amor.

Más bien, amor.

 

Pensé que el traje me quedaría grande porque había perdido el hábito de sentir en alto. Ya ves, la vida no deja, ni un solo instante, de sacarme esa sonrisa de medio lado que me pone guapa.

 

El teclado se acelera

y adoro tus silencios,

tus crescendos,

tus trompetas.

 

Te conozco, al menos un poco más que ayer. Tú nunca has sido una historia porque eres una pluma, como la de Forrest Gum. Estás en todas partes y cierras cada trama con un lazo de luz, de esos invisibles que te hacen sonreír por dentro al final de la película, de los que te hacen quedarte a ver todos y cada uno de los créditos. Una pluma de las que escribe con caligrafía en trazos limpios y artísticos, de las que firma los documentos que se mostrarán en los museos del siglo que viene. Me haces darme cuenta de todas las personas que hay detrás de un gran trabajo, de que el arte de esconde en cada continente y en sus contenidos. Aprendo tanto de ti… aprendo tanto contigo.

 

Esta ropa me está gustando. Me hace sentirme libre. No como una superheroína sino como la heroína que puedo llegar a ser. ¿Quién nos lo iba a decir? ¿Te imaginas?

 

No sé qué va a pasar a partir de ahora

solo sé que si me escondes entre la multitud

conseguiré llevarte a la LUna.

 

¿O ya estábamos allí?

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