El último tren

 

El último tren ha pasado. Ni siquiera has corrido tras él como queriendo engañar al maquinista. No has mirado el reloj para saber si habrían de pasar más a partir de entonces.

 

Ha pasado y me ha traspasado el pecho sin anestesia, desgarrando tejidos, órganos, constantes. Me ha llevado por delante y veo que tú, tú aún no te has dado cuenta.

 

Ahora tengo el gesto torcido y un agujero en el pecho, como en esa película de los 80´ pero sin pistolas, ni Paseo de la Fama, ni “corten”.

 

Tengo un corazón estrellado en un tren trasatlántico que mantiene la especie con vida mientras la alimenta de bazofia y esperanza.

 

Y tú, que sabías que se iba acercando la hora… que era este o no sería.

 

Ahora bailas en algún lugar del tiempo, jugando en el espacio vacío dibujado con sombras de humo. Aferrada a su cintura, diluyendo la magia de aquel momento en encuentros fortuitos, en miradas vacías, en historias sin clase.

 

Te estás perdiendo un gran sueño. Ese sueño que tuvimos. Ese sueño que fuimos.

 

Y todo por una canción, por andar perdida en la Ciudad de las Luces, buscando ese éxito que embriaga por sombrío, esa mentira que hace brillar las redes sociales.

 

Disfruta.

 

Aprovecha esta libertad labrada de besos de nadie,

que la otra,

la verdadera,

se ha ido en ese tren.

 

 

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