Una luna y la alegría

 

Eres dos horas vivido, hijo mío.

Sangre de mi sangre y amor desgarrado.

 

Cuando el tiempo deje de ser alma,

llegarás a la cumbre del hastío

pero ya puro y pío, amor mío.

 

Y como el sol abandonado,

al alba nacerás vacío,

siempre coloreado.

 

Siempre amado,

aún no habiendo en mis ojos

de ti iluminados,

un ápice de tu existencia.

 

Rogué a las pléyades

de tu cielo, mi vida,

una luna y la alegría

de los versos que te mecen.

 

El viento vino y en sus susurros,

creí oír el modo de hallarte.

Siento saber cómo encontrarte

pero dudo de tus deseos.

 

¿Pidió la luna llenarse

repleta de luz en sus noches a oscuras?

¿Quieres tú, hermosura

ser del mar el azul?

 

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