Ya ves…

 

Comienzo a creer en la certeza de esta mentira.

Como un paréntesis olvidado, de esos que no se leen, de esos que yo leí.

¿Dónde estás?

Tú siempre has leído tan rápido.

¿Es amor este desgarro?

No puede serlo.

No puede ser tan feo como una colilla en el mar.

¿Cuantos años tardaré en biodegradar este amor?

 

¡Vete! Vete, ¿quieres?

Esto no tiene sentido.

¿Por qué viajas conmigo?

¿Por qué te sigo queriendo?

Me salté tu página y creo que aún no me lo has perdonado.

 

¡Qué manía con amarme hacia fuera!

 

Es su culpa, son ellas.

Se me hacen tan fáciles de amar que no hacerlo me parece oscuro.

La oscuridad que conlleva mirar hacia dentro, supongo.

Buscar las llaves lejos de la farola porque no

dónde se me cayeron. Llaves… ya ves.

 

¿Dónde están las mías, por cierto?

Eso me pasa por dejárselas a cualquiera que me guarda un mínimo de cariño.

Incluso a quién no lo hace y ni se da cuenta.

¡Ay, las llaves! ¡Ay, las llaves!

No volveré a darlas así, a lo loco, sin fundamento.

 

Si me embarco que sea para navegar.

Si no, bendita sea esta tierra que me guarda y protege de todo mal.

 

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